Organizaciones sociales europeas y latinoamericanas denuncian que la unión de Bayer y Monsanto amenaza la soberanía alimentaria de los pueblos. Y apuestan al apoyo a las familias rurales productoras de la diversidad de alimentos.

En la defensa de la soberanía alimentaria, MISEREOR (1), fundación alemana de cooperación, organizaciones de la sociedad civil, entre ellas el Instituto de Cultura Popular -INCUPO) – y pequeños productores de todo el mundo muestran que es posible sembrar diversidad de alimentos donde otros los destruyen. Las alternativas de producción están adaptadas a las condiciones locales y son respetuosas del medio ambiente. Por eso, necesitan el apoyo del sector político y de los consumidores.

El 57% de los cereales del mundo se utiliza para alimentar animales.

Sabemos que hoy día se producen alimentos suficientes para dar de comer a más de 12.000 millones de personas. La población mundial es de 7.700 millones de personas. Sin embargo, existen 2.000 millones de personas desnutridas y 795 millones de personas con hambre. Además, a nivel mundial el 57% de los cereales no se utiliza para la alimentación sino como forraje para animales, para producir combustibles orgánicos o para fabricar plásticos. Y, cada año se desperdicia un tercio de los alimentos existentes, (alrededor de 1.300 millones de toneladas anuales-FAO).

Saciar las necesidades alimenticias de todos no significa solamente producir más alimentos. Significa combatir la pobreza, para que cada uno se los pueda adquirir. Significa aprovechar y repartir mejor los alimentos a disposición. Y significa fomentar sistemas campesinos de producción de semillas y prácticas agroecológicos, en lugar de depender de los insumos de producción de la agroindustria.

Políticas que fortalezcan y promuevan la producción campesina

Sabemos que las consecuencias sociales, de salud y ecológicas de la agricultura industrial son graves. Ella compite con la agricultura campesina por los limitados recursos naturales: tierra, suelos fértiles y agua. Los agronegocios consumen alrededor del 70% de los recursos mundiales de tierra y agua y producen sólo un 30% de los alimentos disponibles. La agricultura campesina produce un 70% de los alimentos a nivel mundial y aprovecha sólo un 30% de los recursos tierra y agua.

Que la familia campesina mantenga el control sobre sus semillas

Sabemos que el mercado de semillas es uno de los mercados clave del futuro. Los agronegocios desean comercializar allí sus productos. Pero con ello no combaten el hambre en el mundo. Por lo general, en el Sur las empresas familiares campesinas incrementan sus semillas por sí mismas, las intercambian y estimulan su desarrollo. Se trata de semillas adaptadas al medio local, que resguardan la diversidad de especies y a las cuales se accede libremente. Que las semillas estén en manos de pocos empresas, corporaciones, eleva los precios, hace depender a los campesinos de fertilizantes y pesticidas químicos y conduce a la pérdida de las variedades tradicionales. En lugar de recibir apoyo, los productores ven limitado su derecho a determinar por sí mismos sus sistemas agrícolas y alimentarios.

Existen 30.000 tipos de plantas comestibles. Hoy día la población mundial se alimenta de sólo 30 de ellas.

Que la política y las empresas saquen del mercado los pesticidas peligrosos

Sabemos que la agroindustria fomenta los monocultivos y comercializa sus semillas en combinación con los correspondientes pesticidas. Fertilizantes químicos y pesticidas contaminan el suelo y el agua, provocan la extinción de especies y conducen a la pérdida de la biodiversidad. Ponen en peligro el sistema ecológico y nuestra salud. Bayer comercializa en el Sur global 60 sustancias pesticidas peligrosas, donde con frecuencia faltan regulaciones estrictas para su uso y esclarecimiento sobre medidas de protección. Estas, son prohibidas en la Unión Europea debido a sus riesgos ecológicos y de salud.

Una política que promueva la producción agroecológica

Sabemos que la agricultura industrial, orientada a especies de alto rendimiento y monocultivos, no posibilita una alimentación variada y saludable para todos. Existen 30.000 tipos de plantas comestibles. Hoy día la población mundial se alimenta de sólo 30 de ellas. Usando métodos agroecológicos las empresas familiares campesinas
producen alimentos diversos, fomentan desde el campo hasta la mesa, protegen los suelos, se arreglan con pocos pesticidas o sin ellos y están en condiciones de enfrentarse a los riesgos del cambio climático.

PRENSA INCUPO


(1) MISEREOR
• Presta ayuda para la autoayuda a través de proyectos concretos y desde hace 60 años coopera con organizaciones contrapartes locales;
• Es la Obra católica de ayuda, a través de la cual personas de Alemania se comprometen por justicia y solidaridad con los pobres de África, Asia, América Latina y Oceanía;
• Considera como su tarea “apelar a la conciencia” de los responsables de decisiones, en la política y la economía, para que denuncien violaciones de los derechos humanos y se comprometan por una cooperación al desarrollo sostenible.