Tote-cambio-climatico-006La educación ambiental no es para aprender teorías sino para cambiar conductas, conocer y actuar en consecuencia.

La educación ambiental nos tiene que ayudar a develar la famosa pregunta ¿De donde vienen las cosas?

Es bueno aprender que no hay que derrochar, que la energía eléctrica y el agua tienen que usarse en su justa medida, que la basura puede clasificarse, reutilizarse y reciclarse. También es bueno conocer acerca del efecto invernadero aunque a la hora de explicarlo se nos haga un trabalenguas.

Lo cierto es que entre tantos saberes que debemos tener a la mano siempre hay que dar un paso más  para seguir profundizando en estas cuestiones.

Que el Planeta está en peligro, que el calentamiento global está derritiendo los hielos polares, que el cambio climático nos alborota los días de fríos y de calor, que estando mal seguimos bien, son frases tan repetidas que ya parecen slogans publicitarios. Y como tales, de tantas veces dichas no sólo van perdiendo sentido sino que hasta nos resultan dignas de burlas ¿Porqué será?

¿Quién le pone el sentido a las cosas? De qué depende que algo tenga más importancia que otras. Sin dudas la experiencia, los gustos, los compromisos con la realidad, van determinando esos sentidos. Pero si todos vivimos en el mismo planeta y todos queremos vivir en un mundo sano, porque no todos los cuidamos de la misma manera. Por qué hay mayorías que se muestran indiferentes frente a estos temas, como si el cambio climático fuese algo que pasa por allá lejos… no sé… en África.

Muchas veces se dijo “La naturaleza está enojada” cuando aparecen los tsunamis, o las inundaciones crueles o los huracanes arrasadores. Pero esa frase es una gran mentira. La naturaleza no se enoja. Actúa en consecuencia. En un sistema equilibrado, la naturaleza es equilibrada y somos todos felices. Pero cuando las piezas de ese sistema se alteran, y se arrasa con lo montes, la industrialización en todas sus formas sigue contaminando suelo, aire y agua, las formas de consumir son irracionales y generan más basura, cuando se destruye la flora, la fauna, los microrganismos, cuando se altera la biodiversidad en todas su formas; ahí la naturaleza actúa como puede y cómo sabe. Entonces la naturaleza no está enojada, esta intentando sobrevivir y por ahora, con nosotros adentro.

El papa Francisco se expresó clarísima y duramente en su encíclica Laudato sí. Estamos viviendo realidades destructivas. El suelo, el aire y todos los seres vivos, La Creación misma están bajo permanente amenaza. Y eso, no es por obra de Dios.

El ingeniero agrónomo Luis Skupien, coordinador de la tecnicatura en agroecología de la EFA Fortaleza Campesina, pone a la educación como eje central para empezar a analizar estas problemáticas y preparar a las nuevas generaciones para que actúen a conciencia, incorporando hábitos que no sean tan destructivos del ambiente. “Es un tema muy complejo porque se naturalizan los modos y uno termina creyendo que así es el mundo y que está contaminado y punto”, como si fuera una realidad imposible de cambiar.

“La educación ambiental no se enseña, es un proceso que va mas allá de enseñar, se trata de generar actitudes para que las nuevas generaciones tengan las herramientas para que actúen como ciudadanos responsables de su medio y de las relaciones que tienen las sociedades con la naturaleza”, dijo.

La naturaleza y el ambiente tienen sentido. Aprender a relacionarnos mejor con los ecosistemas es un derecho, una obligación y una responsabilidad humana. Cuando un avión empieza a carretear para despegar, existe un momento que se llama, punto de no retorno. El piloto sólo tiene una opción, despegar. Ya no puede volver atrás ni seguir carreteando. O despega o choca.

Algo más o menos parecido nos empieza a pasar como humanidad. Todavía estamos carreteando. Todavía estamos a tiempo de hacer cambios. Parar y cambiar el rumbo si es necesario. De una cultura Antropocéntrica que busca satisfacer las necesidades del hombre podemos construir una cultura biocéntrica en donde la especie humana se vea integrada a los sistemas de vida para garantizar con sus actividades la sustentabilidad y la reproducción de la vida. Todavía estamos a tiempo de recrear nuestros hábitos para no seguir dañando el ambiente. Cada uno con  la responsabilidad que le tocó según el lugar que ocupe en el avión.

PRENSA INCUPO

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