La estructura forestal es la más afectada por las condiciones climáticas subtropicales y con ella, la vida y productividad a largo plazo de los diferentes ambientes. Los altibajos del termómetro y la abundancia de lluvias debilitan a este techo natural o lo eliminan por tramos. La consecuencia es que los suelos quedan muy debilitados, inundados o salinizados y los cultivos, desprotegidos.
El bosque contribuye al equilibrio de la región chaqueña: conserva el suelo, el régimen de ríos, reduce los extremos de la temperatura, sus cambios bruscos y garantiza la biodiversidad. La promoción del cuidado de este recurso, la toma de conciencia de su importancia en el sistema productivo y en el medioambiente han sido objetivos de INCUPO, desde la educación, la comunicación y la activa participación para la sanción de una norma específica.
Mirá la sección Quiénes somos.
La “Ley de Bosques”, tal como se popularizó su nombre, número 26.331, fue promulgada en diciembre de 2007, después de muchos años de lucha de ONG, universidades y otros institutos de  investigación. Establece los presupuestos mínimos de protección ambiental para el manejo sostenible de este recurso, su conservación, restauración y aprovechamiento.
La norma considera bosques nativos a “los ecosistemas forestales naturales”, formados por especies arbóreas nativas maduras, con una flora y fauna asociadas, en conjunto con el medio que las rodea, como suelo, atmósfera, clima, recursos hídricos.  La ley reconoce, además, que poseen un “equilibrio dinámico” y brindan diversos servicios ambientales a la sociedad, así como recursos naturales para su utilización económica.
La meta ahora es que sus contenidos se hagan efectivos y sean avalados por todas las provincias. La especulación inmobiliaria, la ampliación de la superficie destinada a las actividades agropecuarias, la forestación para la industria de la madera y la contaminación amenazan a este ecosistema, que armoniza la vida de la naturaleza y del hombre.
INCUPO desarrolla proyectos de educación popular con comunidades rurales del norte de Argentina, precisamente en una extensa zona territorial perteneciente al Gran Chaco. Es una región rica en biodiversidad, donde conviven numerosos pueblos indígenas, inmigrantes europeos, latinoamericanos y criollos.
La presión de las grandes explotaciones agropecuarias por mayores superficies ha desencadenado distintos conflictos por la tenencia de la tierra y la contaminación del entorno desde el año 2000. Los lugareños se han organizado para defender su propiedad, con el acompañamiento de INCUPO y otras instituciones.
En el mapa de Sudamérica, el Gran Chaco se reconoce como una enorme planicie, de aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados, que se extiende sobre las fronteras de Brasil, Bolivia, Paraguay y Argentina. Nuestro país contiene prácticamente el 60 por ciento de la superficie total de esta región.
Dentro de los límites nacionales, alcanza a trece provincias. INCUPO trabaja en cinco de ellas: Chaco, Formosa, Corrientes, Santiago del Estero y Santa Fe. Es un área boscosa, que alterna ecosistemas más y menos propicios para la vida y la agricultura, la principal actividad económica en esta zona de Argentina.
“El ADN regional es la diversidad natural, social y cultural, pero esa diferencia incluso se puede verificar en la variación del clima de un año a otro”, señala uno de los integrantes del equipo de la organización. El Gran Chaco se ubica en el polo de más calor del Cono Sur, con temperaturas altas e intensas lluvias en verano que aceleran los procesos biológicos.
La estructura forestal es la más afectada por las condiciones climáticas subtropicales y con ella, la vida y productividad a largo plazo de los diferentes ambientes. Los altibajos del termómetro y la abundancia de lluvias debilitan a este techo natural o lo eliminan por tramos. La consecuencia es que los suelos quedan muy debilitados, inundados o salinizados y los cultivos, desprotegidos.
El bosque contribuye al equilibrio de la región chaqueña: conserva el suelo, el régimen de ríos, reduce los extremos de la temperatura, sus cambios bruscos y garantiza la biodiversidad. La promoción del cuidado de este recurso, la toma de conciencia de su importancia en el sistema productivo y en el medioambiente han sido objetivos de INCUPO, desde la educación, la comunicación y la activa participación para la sanción de una norma específica.
Mirá la sección Quiénes somos.
La “Ley de Bosques”, tal como se popularizó su nombre, número 26.331, fue promulgada en diciembre de 2007, después de muchos años de lucha de ONG, universidades y otros institutos de  investigación. Establece los presupuestos mínimos de protección ambiental para el manejo sostenible de este recurso, su conservación, restauración y aprovechamiento.
La norma considera bosques nativos a “los ecosistemas forestales naturales”, formados por especies arbóreas nativas maduras, con una flora y fauna asociadas, en conjunto con el medio que las rodea, como suelo, atmósfera, clima, recursos hídricos.  La ley reconoce, además, que poseen un “equilibrio dinámico” y brindan diversos servicios ambientales a la sociedad, así como recursos naturales para su utilización económica.
La meta ahora es que sus contenidos se hagan efectivos y sean avalados por todas las provincias. La especulación inmobiliaria, la ampliación de la superficie destinada a las actividades agropecuarias, la forestación para la industria de la madera y la contaminación amenazan a este ecosistema, que armoniza la vida de la naturaleza y del hombre.
En el Gran Chaco, hay 40 pueblos aborígenes y se hablan 29 lenguas, según el Atlas sociolingüístico de los pueblos indígenas de América Latina, de FUNPROEIB Andes. Todas ellas están en peligro por varios motivos: el número de hablantes cada vez menor, su escasa transmisión como primera lengua, la presión de otras influencias culturales, las posibilidades contextuales de utilizarla, localización geográfica de los hablantes en el campo y la ciudad, donde no pueden practicar sus idiomas nativos.
http://www.proeibandes.org/atlas/tomo_1.pdf
http://www.proeibandes.org/
Con todo, esta riqueza lingüística, la más grande de Argentina, se proyecta, a la vez, en costumbres ancestrales, la relación con la tierra, las dinámicas nómadas de vida y las prácticas cazadoras y recolectoras, que coexisten con nuestras expresiones provinciales de modernidad en mayor y menor armonía o tensión, según los casos.
En el último cuarto de siglo, las comunidades originarias han ganado mucha visibilidad y el reconocimiento de leyes. Sin embargo, la sociedad aún les adeuda la reivindicación de numerosos derechos, identidades y espacios de participación.
Se estima que la población indígena, en la porción argentina del Gran Chaco, es de unas 300 mil personas, la tercera parte del total nacional, que asciende a 955.032, según el Censo 2010. En la zona específica de trabajo de INCUPO, el número de aborígenes es de 41.304 en la provincia del Chaco, 5.129 en Corrientes, 32.216 en Formosa, 11.508 en Santiago del Estero y 48.265 en Santa Fe.
http://www.indec.gov.ar/definitivos_bajarArchivoNacionales.asp?idc=60&arch=x&c=2010
http://www.indec.gov.ar/definitivos_bajarArchivo.asp?idc=5084&arch=x&c=2010
http://www.indec.gov.ar/definitivos_bajarArchivo.asp?idc=5083&arch=x&c=2010
http://www.indec.gov.ar/definitivos_bajarArchivo.asp?idc=5087&arch=x&c=2010
http://www.indec.gov.ar/definitivos_bajarArchivo.asp?idc=5100&arch=x&c=2010
http://www.indec.gov.ar/definitivos_bajarArchivo.asp?idc=5099&arch=x&c=2010
Para reconstruir el perfil social de las provincias de la Región Chaqueña, donde trabaja INCUPO algunos indicadores pueden ser muy ilustrativos. Los datos con los contamos principalmente corresponden al Censo Nacional 2010, que han sido cuestionados, al tiempo que han nutrido numerosas bases de información locales e internacionales sobre el tema.
http://www.sig.indec.gov.ar/censo2010/
La densidad de población es de 7,4 habitantes por kilómetro cuadrado en Formosa, de 10,6 en Chaco, de 11,3 en Corrientes, de 24 en Santa Fe y de 37 en Misiones. Frente a estos promedios provinciales, vale decir que si se realiza el conteo por departamento aparecen muchos contrastes, con zonas muy despobladas y otras de gran concentración.
La población se localiza principalmente en ciudades, siempre siguiendo los resultados del Censo 2010. La de carácter urbano es de 90,85 por ciento en Santa Fe, 84,59 en Chaco, 82,85 en Corrientes, 80,86 en Formosa y de 68,69 en Santiago del Estero. El porcentaje a nivel nacional es de 91,08 por ciento.
http://www.indec.mecon.ar/nuevaweb/cuadros/2/f020208.xls
La desigualdad en la distribución de la población se debe a las características del medio natural, los procesos históricos de división y tenencia de la tierra y las inversiones para incentivar las actividades económicas diversificadas, analiza en su estudio sobre la organización de la tierra en el país, del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola.
https://www.ifad.org/documents/10180/fb5a1b0f-20c8-4402-9cf9-592f25a074ae
Según el informe Indicadores básicos de salud, Argentina 2014, la tasa de mortalidad infantil, por mil nacidos vivos, era en el año 2012, la siguiente: Santiago del Estero (11,6), Santa Fe (10,3), Corrientes (14,4), Chaco (13,3) y Formosa (17,3). A nivel nacional, esa cifra es de 11,1.
http://www.paho.org/arg/images/gallery/indicadores/indicadores_2014_opsarg.pdf
Otro dato de interés es la población de 0 a 14 años. Es del 31,6 por ciento en Santiago del Estero, del 31,5 en Formosa, del 30,4 en Chaco, del 29,4 en Corrientes y del 23,4 en Santa Fe, retomando como fuente el Censo 2010. La media nacional se encuentra entre el 20 y el 30 por ciento de habitantes comprendidos en esa franja etaria.
El analfabetismo, por su parte, exhibe mejores números que en años anteriores, pero más altos que la media nacional que es de 1,9 por ciento. Son nueve las provincias argentinas que tienen índices menores al promedio país. Es de 5,5 por ciento en Chaco, 4,3 por ciento en Corrientes, 4,1 por ciento en Formosa, cuatro por ciento en Santiago del Estero y de 1,8 en Santa Fe.
Hay otros datos sobre educación que se han de considerar. Por ejemplo, el porcentaje de personas mayores de tres años que utilizan computadora. Son solo once provincias las que se ubican por debajo del 50 por ciento. Es del 30,2 por ciento en Santiago del Estero, de 33,5 en Formosa, de 37,2 en Chaco, de 43,7 en Corrientes y de 53,9 en Santa Fe.
Más datos. Porcentaje de hogares con computadora: Santiago del Estero (23,4), Formosa (26,0), Chaco (29,6), Corrientes (32,2) y Santa Fe (47,6). Porcentaje de hogares con teléfono de línea: Formosa (25,5), Santiago del Estero (26,1), Chaco (27,1), Corrientes (29,7) y Santa Fe (60). Hogares con teléfono celular: Formosa (81,2), Santiago del Estero (82,2), Chaco (84,1), Corrientes (85,6) y Santa Fe (86).
Porcentaje de hogares sin provisión de agua dentro de la vivienda: Santiago del Estero (41,3), Formosa (41,1) Chaco (34,9), Corrientes (20) y Santa Fe (8,9). Otra vez, hay grandes contrastes entre las provincias y entre los departamentos de su interior.
Cítricos, yerba mate, té, banana, azúcar son algunos de los productos del colorido catálogo local. Al algodón y el girasol, se ha sumado en el último tiempo la soja, con un modelo de explotación de la tierra “pampeano”, que se devora las pequeñas superficies y las prácticas agrícolas asociadas a ellas.
La desigualdad de la estructura agropecuaria es elevadísima en el Gran Chaco. El informe “La organización de la tierra en Argentina”, del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, explica que el 72 por ciento de los productores posee menos de 100 hectáreas y controla el ocho por ciento de la superficie productiva del noreste del país.
https://www.ifad.org/documents/10180/fb5a1b0f-20c8-4402-9cf9-592f25a074ae
El uno por ciento de las empresas agropecuarias maneja el 34 por ciento de la tierra productiva, con explotaciones de cinco mil hectáreas o más. Esta proporción puede verificarse de forma similar en el noroeste del país.
Estas asimetrías son poco eficientes en términos de productividad y desarrollo y generan conflictos por la tierra, señala el estudio. Además, el tipo de cultivos que promueven en la zona, como el algodón, el girasol y la soja, aportan poca materia orgánica a la tierra y empobrecen las condiciones del suelo.
De acuerdo a un relevamiento de 2009, de la Red Agroforestal Chaco Argentina (REDAF), en la región 1.399.972 hectáreas estaban afectadas por conflictos de tierra y 4.603.014 hectáreas, por enfrentamientos originados por temas ambientales. Si se suman ambas superficies, del total, 1.106.500 hectáreas exhibían ambos tipos de problemas.
http://redaf.org.ar/wp-content/uploads/2010/02/resumen-ejecutivo_completo_final_091209.pdf
http://redaf.org.ar/
Entre las causas de estos conflictos, el informe señala que el 35 por ciento de los casos corresponden a dificultades para regularizar el título de propiedad que poseen sus dueños; el 41 por ciento, a casos de usurpación de titulación y un 19 por ciento, a usurpación y desalojo. El cinco por ciento restante no tenía tierra.
Distintos estudios coinciden en señalar la novedad de los conflictos ambientales. El 72 por ciento de los casos relevados por REDAF en el Gran Chaco se iniciaron a partir del año 2000, según explicaron los entrevistados.
Las causas de estos conflictos ambientales obedecían en un 36 por ciento a la deforestación, por la eliminación de bosque nativo para obras de infraestructura o campos de siembra. Un 29 por ciento tenía que ver con la contaminación proveniente de químicos pulverizados en plantaciones aledañas o desechos industriales.
Un 14 por ciento correspondía a construcciones que afectaban los cursos de agua. Otro porcentaje similar se debía a contaminación o deforestación. Había un siete por ciento final multicausal.
En el 79 por ciento de los casos relevados, tanto campesinos como aborígenes consideran que el causante de los conflictos ambientales en su gran mayoría es el Estado, ya sea por acción u omisión. El restante 21 por ciento responsabiliza a las empresas privadas.
“La existencia de diferentes modelos de desarrollo rural hace que aumente la conflictividad en relación a la tenencia de la tierra y los problemas ambientales”. El avance de las grandes superficies para el cultivo de pocos productos primarios, destinados a la exportación y con escasa mano de obra, es una de las causas.
En su informe 2013, REDAF recuerda la creación del Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial 2010-2020, del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca en 2011, con el que el Estado intenta pasar de la producción de 100 a 157 millones de toneladas de granos. Para ello, debe aumentar la superficie sembrada de 33 a 42 millones de hectáreas.
http://redaf.org.ar/wp-content/uploads/2013/07/3informeconflictos_observatorioredaf.pdf
http://www.minagri.gob.ar/site/areas/PEA2/14=Publicaciones/_archivos/000001-Libro%20PEA%C2%B2%20Argentina%20Lider%20Agroalimentario.zip
Para la organización, este compromiso profundiza el modelo de producción, dependiente de los agrotóxicos y transgénicos, que va por territorios considerados hasta ahora como “improductivos” y donde viven comunidades campesinas e indígenas, amenazadas por los desalojos. Se prevé una expansión sobre superficies aptas y no aptas y sobre el bosque, claro.
La población aborigen es la más afectada por los conflictos de tierra y representa al 60 por ciento de los casos reunidos por REDAF en su relevamiento de 2010. La situación de los criollos (31 por ciento del total) también demuestra precariedad en la tenencia porque, además de tener problemas de titulación, sufren la constante violencia por usurpación, explica.
http://redaf.org.ar/wp-content/uploads/2009/04/Conflictos-de-Tierra-y-Ambientales-datos-relevados-hasta-Agosto-2010.pdf
REDAF apunta que probablemente Chaco y Santiago del Estero sean las provincias donde hay mayor cantidad de enfrentamientos de este tipo, debido a que todavía existen propiedades fiscales como en el primer caso; o bien, han sido olvidadas hasta ahora por sus titulares, como en el segundo.
En ambos sitios, la mayoría de los conflictos por la tierra (89 por ciento) también se inició a partir de 2000, con el impulso del modelo agroexportador y la expansión de la frontera agropecuaria. Un 87 por ciento de los encuestados aseguró que sufría violencia física o psicológica por usurpación de sus propiedades o por acciones de desalojo.
El informe también destaca la reducida dimensión de las chacras afectadas: un 99 por ciento tiene menos de 400 hectáreas. “Considerando el sistema de producción diversificada, propio de los campesinos; la economía de subsistencia, basada en los recursos naturales, propia de los aborígenes, y las condiciones adversas de los ecosistemas de algunas zonas, la cantidad de tierra a disposición de las familias es insuficiente”.
De este modo, no hay hectáreas suficientes para que los jóvenes puedan quedarse en el campo.  Aunque los conflictos se resuelvan favorablemente para los pobladores, el problema en torno a la tierra, como su escasez o aridez, no se terminará allí en muchos casos y empujará a los hijos a emigrar a los centros urbanos.
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