El 23 de noviembre de 2010 marcó para siempre a la comunidad Qom Potae Napocna Navogoh, en el departamento Pilcomayo de la provincia de Formosa, a unos 1300 kilómetros de Capital Federal, adonde tuvieron que ir a visibilizar sus reclamos. Recordar duele, pero son conscientes de que tienen que perseverar para que el “nunca más” alcance también a los pueblos indígenas.

Los hombres se esmeran en amarrar la bandera al tronco del árbol. Se necesitan varios pares de brazos para rodear su corteza, una cáscara jaspeada en tonos de marrones y grises que armonizan con el verde del paño. En los extremos, los rojos, azules y naranjas de la wiphala resaltan el mensaje de letras blancas: La tierra es nuestra vida. Basta de judicialización, persecusión y muerte. Lo firma la Qopiwini (organización integrada por los pueblos que habitan el territorio formoseña: Qom, Pilagá, Wichí y Nivacle).

La Primavera recordó la represión de 2010 y pidió justicia.

No obstante, la leyenda está escrita en castellano, en clara apelación al mundo blanco; el paño es lo suficientemente grande como para que se lea a través de los vidrios polarizados de las camionetas que pasan por la ruta nacional 86, que une Clorinda con Laguna Blanca.

A unos pocos kilómetros de esta última localidad están, a orillas del asfalto, algunos miembros de la comunidad, desde la mañana temprano. Otros recién vienen llegando, en moto o de a pie, con cascos unos, con gorros y sombreros los demás, para mitigar los efectos del sol que en la hermosa Formosa quema como brasa.

Las mujeres conversan sentadas sobre el pasto recién cortado; lucen coquetos aros que asoman por entre sus trenzas renegridas y brillantes. Muchas de las que ahí están eran niñas hace siete años atrás, pero otras ya eran ancianas… cuesta imaginar cómo pudieron golpearlas con tanta saña.

Honrar la vida

Son las dos de la tarde. Plantas de mango, de mamón, bananos acompañan el paso lento pero decidido de ese puñado de hermanos que camina por un sendero interno, hacia la ruta. Las casas de palma y barro tienen adelante cuidados jardines cuya belleza compite con chivatos que explotan de flores naranja. No alcanzan los ojos para mirar. Ni los oídos para escuchar el trino de tantos pájaros.

Felix Díaz, Qarashé: “líder con el pueblo”.

La figura del hombre que encabeza la marcha se destaca. Una chalina con los siete colores de la wiphala contrasta con su camisa blanca mangas largas, el pantalón y el chaleco negros, y una gorra roja cómodamente instalada sobre una cabellera ceniza y larga.

Llega, saluda y abrazado a una anciana, llora. Llora a lágrima viva, como describía el gran Oliverio Girondo: “…llora hasta empaparnos el alma”.

Detrás suyo llegan también seis gendarmes y un policía que hacen circular el tránsito por una sola calzada, a pesar de que nadie corta la ruta, porque todos están ubicados bajo la frondosa copa del árbol en donde sucedieron los hechos aquel día.

Vienen a recordar, para que no se vuelva a repetir lo acontecido, pero también vienen a honrar al hermano Roberto López, asesinado durante la represión.

En su memoria hacen un minuto de silencio. Dispuestos en círculo, miran para abajo y lloran. Ahora todos lloran. Recuerdan y lloran. Calladamente, lloran. Fueron sesenta segundos en los que no dejaron de pasar camiones mosquitos, motocicletas con escape libre, autos viejos y lujosas camionetas que querían saber si iban o no a cortar la ruta.
Era sólo un minuto de silencio lo que querían. No era mucho pedir.

A partir de ese momento, cada uno a su turno pasa y habla. En Qom. No entendemos el idioma pero sus gestos son elocuentes. Arrugas que se pliegan sobre las arrugas frunciendo el ceño en claro gesto de dolor, manos que se amasan entre sí sobre la falda mientras relatan. Testimonios que hasta hoy sólo parece importarles a ellos porque la justicia aún no los llama a declarar.

Una señora de camisa a cuadros blancos y azules salpicada de flores, y una pollera azul con lunares blancos, le extiende al Qarashé la única reposera que hay en el predio, en la que el hombre se zambulle con mirada de cazador, de cara a la ruta. Y escucha: a la mujer de remera roja y pantalón azul; al joven de anaranjado que ora en su lengua abrazado a su amigo de la remera de la Ruta 40; a la hermana de la colorida inscripción de Orgullo Qom; a la anciana de blusa negra a lunares; al de camisa marrón… Algunas frases las pronuncian en castellano, entonces se oye, por ejemplo, “mis hermanos son los que están en la lucha”, y sigue el relato en idioma. (Me gustaría poder escribir sus nombres, y entender el Qom.)

Los reflejos del sol que se filtran por entre las ramas ilumina la wiphala que preside la ceremonia, sujetada por hombres que se turnan para sostener el mástil de madera. El grupo -que a esa altura son más de 50- se muda hacia la sombra. Corre el tereré y hacia el final de la tarde refrescos marca “Chat”.

Comienza a hablar el Qarashé. Gesticula, el resto asciente con la cabeza, nunca levanta la voz, tampoco se calla. Ni cuando pasan los camiones y las motos a toda velocidad, ni cuando las niñas chillan jugando. Nadie las reta, nadie se altera, nadie hace otra cosa que escuchar, hipnotizados, la palabra de su líder, democráticamente votado por su comunidad. Qarashé: “líder con el pueblo, esa sería la traducción”. Los nadie de Galeano junto a su líder. Conmovedora imagen.

A las seis de la tarde, hora en que comenzó la feroz represión aquel día, todos se levantan y rodean la casita roja que levantaron en el mismo lugar en donde fue asesinado Roberto López. Su cuerpo no está enterrado en ese lugar, pero ahí está su espíritu de lucha.

Roberto cayó confundido con Félix, como escuchó un testigo de camisa a rayas lila y blanca: “Maten a Félix Díaz, maten a Félix Díaz” dice que gritaban, “pero como los indios somos todos más o menos parecidos no sabían quién era Félix Díaz”, asegura mientras clava los ojos color miel en el horizonte.

El conflicto de fondo*

En la comunidad Qom Potae Napocna Navogoh viven 950 familias, 5.200 personas, en un territorio de 3800 hectáreas. Pero ellos sostienen que les corresponden 5187, que es la cantidad declarada reserva indígena por un decreto del gobierno nacional en 1940 y ratificado en 1952, en 1957 (cuando Formosa se independiza finalmente de Nación y puede labrar su propia constitución provincial), en 1963 y en 1977, cuando el gobierno militar reubica a un grupo de familias paraguayas que se instalaron en estas tierras.

Esa superficie mayor, de más de 5.000 hectáreas, incluía la Laguna Blanca, que fue cedida a Parques Nacionales como área de conservación, impidiendo a los habitantes originarios ir a pescar, a buscar agua, a cazar, a recoger totora para hacer artesanías, a buscar medicina. Y comprendía también el territorio con el que se benefició a la familia Celía.

En 2006 se sanciona la Ley 26.160 de emergencia territorial, que prohibe cualquier acto administrativo o desalojo de las familias indígenas de un territorio en conflicto.

La comunidad Qom se organiza, entonces, para reclamar. Pero en 2007 el gobierno provincial cede otra porción de su territorio, ahora a la Universidad Nacional de Formosa. ¿Qué aduce? Que caducó la personería jurídica de la asociación civil La Primavera.

En Argentina no existe una ley que hable de la propiedad comunitaria, por eso se establece que los pueblos originarios deben conformar una asociación civil para recibir, paradójicamente, sus propias tierras.

“La asociación civil de La Primavera estaba a nombre del cacique Fernando Sanabria, pero nos dimos con que desde 1984 estaba acéfala y su personería jurídica había caducado porque nunca se habían hechos balances, ni aporte de cuotas, ni asambleas, porque los ancianos no saben de estas cosas, la mayoría ni siquiera habla el castellano”, explican.

Así es como el poder político reduce a los indígenas a la categoría de meros ocupantes, apelando al artículo 13 de la Ley 23.302, que dice: “En caso de extinción de la comunidad o cancelación de su inscripción, las tierras adjudicadas a ellas pasarán, a la Nación o a la provincia o al municipio según su caso (…)”.

Decididos a recuperar su territorio, en julio de 2008 los miembros de La Primavera hacen una asamblea y eligen al nuevo presidente de la asociación civil. Cargo que ratifican al año siguiente. Sin embargo, la provincia aún hoy niega la conducción de Félix Díaz, votado por amplia mayoría.

Qué pasó ese día

El 17 de julio de 2010, cansados de no ser escuchados, de ver pasar los camiones con materiales de construcción para levantar en sus tierras el edificio de la Universidad, miembros de La Primavera deciden cortar la ruta nacional 86. Resisten durante cuatro meses y seis días, hasta el 23 de noviembre, en que son desalojados por la fuerza, de manera brutal:

Esa mañana, a las 9 o 10, vino un grupo de policías para constatar lo denunciado por la familia Celía: que nosotros estábamos cortando el alambrado de su perímetro, cosa que nunca existió. Cuando se fueron dejaron las armas en el piso, tiradas, para decir que nosotros se las habíamos robado. Nosotros sabíamos que era un riesgo tomarlas, por eso quedaron ahí en el terreno. Plantaron esas armas para justificar la intervención de la tarde.
Volvieron con una supuesta una orden judicial del Juzgado de Clorinda, que nunca mostraron, para recuperar las armas.

Nos pidieron que desalojemos la ruta.

Pero nosotros queríamos ver el papel firmado por un juez para habilitar el carril, para poder decir que hemos perdido en manos de la justicia. Pero como no había esa orden tuvimos que esperar que alguien nos explique de qué se trata este operativo gigantesco de la provincia a través de la montada, de esa fuerza especial que interviene en los disturbios, estaba la gendarmería, y no había una explicación. Queríamos saber para qué es, para un desalojo, un allanamiento, o para apresar a alguien, queríamos entender qué pasaba. Lo que solamente decía el comisario es que vino a cumplir una orden “de arriba”.

Empezó la represión. Primero agarraron a una mujer, una hermana nuestra, la agarraron de la cabellera, detrás de la nuca, y la golpearon y le tiraron en el piso y la arrastraron con el pelo arrastrándola con los golpes de las armas, las escopetas. Y cuando los hombres vieron eso tuvieron que reaccionar porque no soportaban ver el maltrato de esa mujer.

Había niños, jóvenes, y fue muy triste, ahí empezó una intervención de la policía de la fuerza de choque, la montada empezó a pisar encima a las mujeres, el caballo pisó a una mujer le fracturó la pierna, el brazo, hubo muchos heridos, y no conforme con la represión tuvieron que ir afuera de la jurisdicción de la ruta, al terreno provincial, donde estaban construidas nuestras casas, y la policía comenzó a incendiar con gasolina, acompañados de civiles. Incendiaron nuestras casas, había bicicletas, camas, colchones, ropa de la comunidad. Porque la comunidad tiene esa costumbre, cuando se traslada a un lugar no necesita permiso porque es su territorio. No necesita pedir a alguien que le dé un pedazo de terreno porque la misma comunidad se intercambia terreno, y no poniéndole el costo o la figura de propiedad. Y ahí han incendiado 17 casas, una de esas es la mía, y ahí teníamos nuestro DNI, nuestros documentos, las grabaciones que nosotros teníamos como archivo, porque nosotros teníamos una filmadora, una netbook para archivar los documentos, los celulares, todo eso nos quitó la policía.

La represión duró como dos horas más o menos, y de ahí mataron al hermano Roberto López, el hermano Samuel quedó herido en la cabeza, en la pierna, en el brazo, y había otro hermano que también tenía una herida en la cabeza. Y esa intervención de la fuerza de policía es la que produjo muchas muertes después de la represión, porque no hubo asistencia médica.

Hubo también un policía muerto pero nunca se aclaró de qué murió porque hubo tiroteo entre policías en ese mismo momento. Había policías que decían que no avancen, que no le peguen a las mujeres, que por favor paren de agredir, y un policía que estaba muy enojado con nosotros y empezó a sacar armas reglamentarias, disparaba con plomos a las personas. Otros policías decían que no lo hagan, o sea que hubo enfrentamiento entre policías. Y era difícil saber de qué murió el oficial Falcón. Roberto López tampoco sabemos cómo murió. Lo que sí la autopsia decía que Roberto López tenía tres disparos en la espalda.

Félix Díaz, en nombre de la comunidad, pide a la justicia que reconstruya el hecho para saber qué y porqué pasó esto. Quieren que se llame a los testigos y que se aclare porqué en la lista de imputados había un chico de ocho años, incluso personas que nunca estuvieron en el corte de ruta.

En tanto, la obra de la Universidad, por la que comenzó el reclamo, no avanzó: “Ese año 2010 hemos presentado una medida cautelar en el juzgado federal, y después un recurso de amparo para frenar la obra, y eso se hizo. El juzgado federal nos dio razón de que el conflicto se tiene que aclarar para saber quién es el dueño de las tierras. Luego pasó a la jurisdicción de la Corte Suprema de la Nación, que tendrá que resolver en algún momento”.

El mismo sendero es desandado por los mismos hermanos que vinieron masticando entre varios un pedazo de pan. A lo lejos vemos cómo aquel hombre alto, de estampa imponente, con su gorra roja, la camisa blanca y la chalina wiphala se esfuma devorado por esa vegetación lujuriante de infinitos palmares. Son más que los dueños de la tierra. Ellos son parte de la tierra. Son la tierra misma. Ojalá algún día entendamos que los pueblos indígenas no son el problema, son la solución. Porque son ellos quienes nos cuidan preservando nuestros recursos naturales de la desmesurada codicia blanca.

En esta Galería de Fotos compartimos las imágenes registradas durante la jornada del 23 de noviembre de 2017 en La Primavera. CLIC AQUÍ

* Para profundizar esta información, recomendamos ir a: http://cdsa.aacademica.org/000-038/354.pdf
Cita: Lorena Cardin (2013). La comunidad qom Potae Napocna Navogoh (La Primavera) y el proceso de lucha por la restitución de su territorio. X Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

Comunidad Qom "La Primavera"

El 23 de noviembre de 2010 marcó para siempre a la comunidad Qom Potae Napocna Navogoh, en el departamento Pilcomayo de la provincia de Formosa, a unos 1300 kilómetros de Capital Federal, adonde tuvieron que ir a visibilizar sus reclamos. Recordar duele, pero son conscientes de que tienen que perseverar para que el “nunca más” alcance también a los pueblos indígenas.

Posted by INCUPO on Montag, 27. November 2017