8 de setiembre, Día del Agricultor: “Hay que volver a empezar”

8 de setiembre, Día del Agricultor: “Hay que volver a empezar”

Sep 8, 2026 | ACTORAZGO POLÍTICO DE LAS ORGANIZACIONES

“Abuela, ¿qué nos pasó? ¿Qué fue de tu mandiocal? ¿De tu tierrita, qué fue? Nos aponchó la pobreza… Hay que volver a empezar”, dice Julián Zini en una de sus canciones. Una frase que, décadas después, todavía pone palabras a una realidad presente en muchos territorios rurales.

En este Día del Agricultor, las voces de quienes trabajan la tierra hablan de dificultades, pero también de organización, arraigo y esperanza. Dina, Matilde, Valentino, Hugo y Manuel son campesinos de distintos territorios que comparten una certeza: aun en tiempos difíciles, no están dispuestos a bajar los brazos.

Una nueva ruralidad, con jóvenes que apuestan al campo

Para Valentino Villarreal, joven productor de Santiago del Estero, el desafío pasa por que las nuevas generaciones puedan combinar estudio, tecnología y trabajo rural.

“Me gustaría animar a los jóvenes a seguir trabajando la tierra, adaptarnos a la nueva ruralidad, aprovechando las oportunidades para seguir estudiando y luego volcar nuestros conocimientos al campo. Nuestros padres quizás no tuvieron esa oportunidad”.

Valentino reconoce que “la situación está complicada”, porque la producción familiar queda muchas veces relegada frente a los grandes mercados. Pero también ve una oportunidad: incorporar tecnologías apropiadas, seguir creciendo en el territorio y fortalecer la identidad campesina.

“Tenemos la oportunidad de cambiar las cosas, de procurar tecnologías apropiadas que nos permitan seguir estando y creciendo en nuestro territorio, haciendo lo que nos gusta, proyectándonos y fortaleciendo nuestra identidad. Así lo siento y así lo estoy haciendo”.

“La situación aprieta por todos lados”

Desde Catamarca, Manuel Aguirre, de la Asociación Campesinos del Abaucán (ACAMPA), describe un escenario marcado por la falta de políticas de acompañamiento.

“La situación aprieta por todos lados, no solo el zapato. Se han desmantelado programas e instituciones de apoyo. Quieren hacer desaparecer el sector. Cosa que no va a ocurrir, porque seguimos firmes”.

Frente a las dificultades, Manuel destaca la necesidad de recuperar herramientas y fortalecer la organización campesina para defender derechos y propuestas.

“Hay que recuperar la fuerza de la organización, como lo fue la Asamblea Campesina Indígena del Norte Argentino (ACINA), para hacer sentir nuestros reclamos y propuestas para vivir dignamente en nuestro territorio”.

Y rescata el valor de producir con las propias manos:

“Es triste tener que mendigar un plan o una beca. Lo lindo es levantarse por la mañana y procurar nuestro alimento, con el trabajo digno de ensuciarse las manos en la tierra”.

El sueño, agrega, es que sus hijos y nietos puedan estudiar y que algunos de ellos encuentren en la agricultura una manera de mejorar la vida de las familias campesinas.

Comercializar sin que el productor quede en el camino

Para Hugo Escobar, integrante de la Unión de Pequeños Productores Chaqueños, una de las principales dificultades está en la comercialización.

“Hoy la situación económica está muy pesada. Cada vez hay más trabas para el pequeño productor que quiere comercializar sus productos o vender su ganado”.

Las exigencias, explica, muchas veces resultan demasiado caras y difíciles de cumplir, lo que termina dejando a los pequeños productores en manos de intermediarios.

“Nos obligan a depender de los intermediarios, que nos tiran los precios para abajo. Y así nos van matando de a poco”.

Hugo también reivindica la importancia de las organizaciones rurales, especialmente en tiempos en que el pequeño productor siente que tiene menos espacios donde apoyarse.

En este Día del Agricultor, deja un mensaje claro:

“A todos los agricultores, a los que la siguen peleando día a día… que tengan un feliz día y a no bajar los brazos”.

Y convoca especialmente a dirigentes y jóvenes a recuperar una mirada colectiva:

“Que empecemos a tener una mirada más grupal, más organizativa, para plantear un proyecto justo y sincero. Sobre todo, que sea fructífero para nuestros hijos, para nuestros nietos, y para que el campesinado siga estando en el lugar que se merece estar”.

Cuando el clima también pone a prueba la producción

En Colonia Durán, Santa Fe, Dina Domínguez, de la Asociación de Productores Creciendo Juntos, señala que la caída de las ventas y la crisis económica se suman a los efectos del cambio climático.

“Las ventas de nuestros productos cayeron demasiado, la gente consume cada vez menos por la crisis económica”.

A esto se agregan caminos intransitables, dificultades para levantar las cosechas y pérdidas provocadas por el exceso de agua y humedad. La preocupación alcanza también a la alimentación de los animales.

“El productor necesita tener reservas de alimento para los animales, y en estos momentos las condiciones son muy difíciles para sembrar, inclusive para poder cosechar. No se está pudiendo hacer fardos ni rollos para hacer reservas”.

Pero si hay algo que Dina quiere sostener es el arraigo de las nuevas generaciones.

“Como padres, los sueños para nuestros hijos, nuestros nietos, son que continúen en el campo, que sigan manteniendo ese arraigo que uno lo viene sosteniendo desde siempre”.

Cuenta que sus hijos estudian y están en la universidad, pero siguen regresando al campo.

“Ellos dicen que aquí encuentran vida, salud y tranquilidad”.

Agroecología: un camino que busca continuidad

En Bella Vista, Corrientes, la productora agroecológica Matilde Parodi también describe un momento difícil para las familias productoras.

“Hoy el productor no la está pasando bien. Las ventas caen porque la gente no llega a fin de mes y los salarios están cada vez más bajos”.

Mientras los grandes productores y exportadores concentran buena parte de los apoyos, las familias campesinas continúan sosteniendo la producción y la comercialización a pequeña escala.

“Somos nosotros los que hacemos el aguante, bajando precios, achicando ganancias, los que tenemos el espacio de feria, hacemos comercialización puerta a puerta, pero también tenemos que mantener nuestro espacio productivo de chacra de cultivos y animales”.

Para Matilde, el futuro también se construye incorporando los conocimientos de las nuevas generaciones. Sueña con que los jóvenes puedan aportar nuevas tecnologías, mejorar la comercialización y hacer más liviano el trabajo de la chacra.

“Me gustaría que nuestros jóvenes que se están formando en las escuelas y universidades puedan volcar sus conocimientos a la producción rural”.

Y resume ese deseo en una idea que mira hacia adelante:

“Ese es nuestro sueño, que ese camino de la agroecología que abrimos nosotros lo puedan continuar ellos, que encuentren en el campo un medio de vida con salud y dignidad”.

Volver a empezar, pero juntos

Las historias son distintas, pero las preocupaciones se parecen: precios bajos, dificultades para comercializar, menor consumo, falta de políticas de apoyo, cambio climático y condiciones cada vez más exigentes para producir.

También se repiten las esperanzas: que los jóvenes puedan estudiar y volver al territorio, que haya tecnologías apropiadas, que las organizaciones recuperen fuerza y que las familias puedan vivir dignamente de su trabajo.

Este 8 de setiembre, Día del Agricultor, aquellas palabras de Julián Zini vuelven a cobrar sentido: “Hay que volver a empezar”.

Volver a empezar no significa hacerlo desde cero. Es recuperar saberes, fortalecer la organización, cuidar la tierra y apostar, una vez más, a que en cada chacra pueda seguir creciendo una vida digna, con trabajo, alimento, identidad y futuro.

Abuela, tu mandió está queriendo brotar
saliendo está el pororó
quédate un poquito más
Ya están volviendo tus nietos
Ya hay risas bajo el parral
Ya aprendimos por el cuero
Ya volvimos a empezar!
Julián Zini

 

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