Las manos que sostienen la vida rural
Las manos que sostienen la vida rural
Cada 15 de octubre, el Día Internacional de las Mujeres Rurales nos invita a reconocer a quienes alimentan a sus familias y comunidades, cuidan la naturaleza y defienden el agua, el monte y sus territorios. Con su trabajo, sus saberes y su compromiso, las mujeres rurales sostienen la vida y mantienen viva la esperanza de un futuro mejor.
Detrás de cada huerta, de cada alimento que llega a la mesa y de cada comunidad que se organiza, hay manos de mujeres que siembran, producen, cuidan y luchan. Muchas veces, su trabajo pasa inadvertido, pero es fundamental para la vida de los pueblos rurales.
Desde INCUPO, rendimos homenaje a todas las mujeres campesinas a través de las historias de Marta, Doña Mami, Matilde, Dina y Nely. Desde Santiago del Estero, Formosa, Corrientes, Santa Fe y Chaco, ellas comparten sus experiencias, sus sueños y una convicción profunda: el campo tiene futuro cuando se lo construye con trabajo, organización, solidaridad y respeto por la naturaleza.
Marta Gómez: el amor por la tierra y el monte
Marta Gómez vive desde que nació en el paraje Yanacón Bajada, en Santiago del Estero. Allí están sus raíces, su historia y el lugar que eligió para desarrollar su vida.
«Amo este lugar, mi tierra y el monte», cuenta.
Su jornada reúne múltiples tareas. Siembra y cuida la huerta, cría animales para el consumo familiar y la venta de excedentes. También pone sus conocimientos de enfermería al servicio de los vecinos cuando alguien necesita ayuda.
A ese trabajo cotidiano suma su participación en la Mesa Zonal de Tierras de Añatuya (MEZAT), desde donde acompaña a familias que enfrentan conflictos por la tierra.
Para Marta, vivir en el campo es mucho más que una forma de ganarse la vida: es una manera de estar en el mundo, en contacto con la naturaleza y en comunidad.
«No hay nada más lindo que vivir en el campo. Una vida saludable, tranquila, en armonía con la naturaleza. No hay nada más hermoso que escuchar a la mañana la música natural de las aves, las majadas. Eso es lo que trato de contagiar a los más jóvenes», afirma.
Su deseo es que las nuevas generaciones descubran en el campo una oportunidad para crecer y construir su futuro. Jóvenes como Naira, integrante del grupo Jóvenes ATR y estudiante de la EFA Avellaneda, ya están recorriendo ese camino: apuestan a formarse y trabajar en lo que les gusta, sin perder el vínculo con sus territorios.
Las manos de mi madre parecen pájaros en el aire
Historias de cocina entre sus manos heridas de hambre
Las manos de mi madre saben qué ocurre por las mañanas
Cuando amasa la vida, hornea de barro pan de esperanza.
Peteco Carabajal
Doña Mami: semillas, alimentos y solidaridad
A sus 70 años, Silveria Benítez, conocida por todos como Doña Mami, sigue trabajando en su chacra de Villa 213, en el sur de Formosa.
Cuida sus semillas, produce alimentos y transforma el maíz amarillo en harina, que comparte y comercializa en la Feria Franca de su localidad. Con sus manos, convierte los frutos de la tierra en alimentos que llegan a otras familias.
Pero su aporte no termina en la chacra ni en la producción. Doña Mami también organiza, acompaña y defiende su territorio. Su compromiso fortalece los vínculos comunitarios y demuestra la importancia de encontrarse con otros para salir adelante.
Como ella, muchas mujeres rurales encuentran en las Ferias Francas y en otros espacios de comercialización una oportunidad para vender lo que producen, compartir sus saberes y fortalecer la economía familiar.
Su historia habla de mujeres que, con esfuerzo y solidaridad, hacen mucho más que producir alimentos: construyen comunidad, sostienen la vida y mantienen vivos los conocimientos que pasan de generación en generación.
En sus manos, la caricia estimulante obedece a sus encantos
y como magia crecen las hierbas y las criaturas
Es la mujer campesina en el territorio fértil,
la madre, la sembradora, la tejedora, la inagotable cuidadora,
la semilla que camina a través del tiempo, sanando heridas, sembrando vida,
la que en su amor infinito pasea imitando a la Madre protectora.
Andrea Jiménez, poeta colombiana
Matilde Parodi: una agroecología con futuro
En Colonia Progreso, Bella Vista, Corrientes, Matilde Parodi integra la cooperativa agroecológica Las Tres Colonias, dedicada a la producción de alimentos.
Desde ese espacio colectivo, trabaja por una forma de producir que cuida la naturaleza y apuesta a construir un futuro digno para las familias rurales.
Pero sus sueños van más allá del presente. Matilde quiere que las nuevas generaciones encuentren en el campo un lugar donde desarrollar sus capacidades, aportar sus conocimientos y construir sus proyectos de vida.
«Me gustaría que nuestros jóvenes que se están formando en las escuelas y universidades puedan volcar sus conocimientos a la producción rural», expresa.
Imagina un campo donde las nuevas tecnologías ayuden a mejorar la producción y la comercialización, y donde el trabajo cotidiano de las familias sea más llevadero.
«Ese es nuestro sueño: que ese camino de la agroecología que abrimos nosotros lo puedan continuar ellos, que encuentren en el campo un medio de vida con salud y dignidad».
Su mirada pone en palabras un desafío compartido por muchas comunidades rurales: generar oportunidades para que los jóvenes puedan quedarse, trabajar y crecer en sus territorios.
Las manos de mi madre llegan al patio desde temprano
Todo se vuelve fiesta cuando ellas juegan
Junto a otros pájaros, junto a los pájaros
Que aman la vida y la construyen con los trabajos
Arde la leña, harina y barro
Lo cotidiano se vuelve mágico.
Peteco Carabajal
Dina Domínguez: que las nuevas generaciones se queden en el campo
En Colonia Durán, en el norte de Santa Fe, Dina Domínguez, integra la Asociación de Productores Creciendo Juntos, desde donde impulsa y gestiona proyectos que buscan mejorar las condiciones de vida de las familias de la zona.
Su trabajo cotidiano es también una forma de defender el arraigo rural, ese vínculo con la tierra y la comunidad que se construye a lo largo de toda una vida.
Como tantas madres y abuelas campesinas, Dina sueña con que sus hijos y nietos puedan continuar el camino de las generaciones anteriores, sin que la falta de oportunidades los obligue a marcharse.
«Como padres, los sueños para nuestros hijos, nuestros nietos, son que continúen en el campo, que sigan manteniendo ese arraigo que uno lo viene sosteniendo desde siempre», comparte.
Sus palabras reflejan una preocupación que atraviesa a numerosas familias rurales: que quedarse en el campo sea una elección posible, con trabajo, dignidad y oportunidades para construir un futuro.
Nely Páez: los sabores del monte que alimentan la vida
En Miraflores, Chaco, Nely Páez forma parte de la Feria Emprendedores del Impenetrable. Desde allí, transforma los frutos del monte en alimentos que guardan el sabor y la identidad de su territorio.
Panes saborizados con dulce de doca y pasacana, productos con miel de monte y alfajores elaborados con harina de algarroba son algunas de sus creaciones. Cada preparación recupera saberes locales y demuestra que el monte es fuente de alimentos, trabajo y cultura.
Nely siente orgullo por esta forma de producir, que respeta la naturaleza y reconoce el valor de los recursos que ofrece el territorio.
«Siento orgullo de pertenecer al monte impenetrable, de sostener y practicar esta forma de producir que respeta la naturaleza y asegura nuestra existencia», afirma.
Pero también sabe que el esfuerzo individual tiene sus límites. Para avanzar, las mujeres necesitan encontrarse, organizarse y trabajar juntas.
En sus coplas, Nely expresa esa identidad compartida y la fuerza de las mujeres que hacen del trabajo cotidiano una contribución al bienestar de sus comunidades:
Soy marrón, soy tierra, soy charco, soy monte.
Somos la raíz firme que afianza los gajos frondosos por la trayectoria de caminar la vida.
Pero solas no podemos avanzar como quisiéramos.
Juntarnos nos fortalece, nos hace fuertes, invencibles.
Pocos lo saben, pero todas las mujeres del monte, con su oficio y quehacer cotidiano, están brindando parte de su vida para la comunidad, están dando su vida para el desarrollo de los pueblos.
¡Felicidades, mujeres rurales!
Nely Páez
Mujeres que siembran el presente y el futuro
Las historias de Marta, Doña Mami, Matilde, Dina y Nely son distintas, pero comparten una misma raíz: el amor por la tierra, el compromiso con sus comunidades y la decisión de seguir adelante, incluso frente a las dificultades.
En sus chacras, huertas, cooperativas, ferias y organizaciones, las mujeres rurales producen alimentos, cuidan la naturaleza, transmiten saberes y abren caminos para las nuevas generaciones.
Su trabajo no siempre se ve ni recibe el reconocimiento que merece. Sin embargo, es indispensable para la vida de las familias y el desarrollo de las comunidades.
En este Día Internacional de las Mujeres Rurales, desde INCUPO rendimos homenaje a todas las mujeres campesinas. Porque cuando una mujer rural siembra, produce y se organiza, no solo sostiene a su familia: también hace crecer a toda su comunidad.
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