Memoria, verdad y justicia: 102 años de la Masacre de Napalpí

Memoria, verdad y justicia: 102 años de la Masacre de Napalpí

Jul 19, 2026 | INCUPO

A más de diez décadas de la Masacre de Napalpí, las voces de los pueblos Qom y Moqoit continúan atravesando el tiempo. En 2022, una sentencia histórica reconoció que no hubo un enfrentamiento, sino un crimen de lesa humanidad cometido por el Estado en el marco de un proceso de genocidio indígena.

El 19 de julio de 1924, cientos de integrantes de los pueblos Qom y Moqoit se encontraban reunidos en la Reducción de Napalpí, en el entonces Territorio Nacional del Chaco. Reclamaban mejores condiciones de vida y de trabajo frente a un sistema que restringía su libertad, explotaba su mano de obra y los sometía injustificadamente.

La respuesta fue una operación planificada. Fuerzas estatales y civiles armados dispararon contra las familias indígenas. Entre 400 y 500 personas fueron asesinadas. Después llegaron la persecución de quienes habían sobrevivido, el ocultamiento de los cuerpos y la construcción de una versión oficial que presentó la masacre como un supuesto enfrentamiento.

Una historia contada en voz baja

Durante décadas, Napalpí sobrevivió en los relatos de los ancianos y las ancianas. La memoria pasó de una generación a otra, resguardada en las familias y en las comunidades, incluso cuando hablar significaba volver a sentir el miedo.

No fue el Estado quien conservó esa historia. Fueron los sobrevivientes, sus descendientes, las organizaciones indígenas y quienes se comprometieron con la búsqueda de la verdad. La palabra de las comunidades fue abriendo camino hasta llegar a los tribunales.

El 19 de mayo de 2022, casi 98 años después de los hechos, la justicia consideró probados los delitos de homicidio agravado y reducción a la servidumbre de entre 400 y 500 integrantes de los pueblos Qom y Moqoit. También determinó la responsabilidad del Estado nacional en la planificación, ejecución y posterior encubrimiento de la masacre, y calificó los hechos como crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco de un proceso de genocidio de los Pueblos Indígenas.

Fue el primer juicio oral realizado en Argentina para investigar como crímenes de lesa humanidad los delitos perpetrados contra comunidades indígenas. Sin embargo, no se trató de un juicio penal tradicional: debido al tiempo transcurrido, ya no había responsables con vida que pudieran ser juzgados y recibir una condena individual.

Por eso fue un Juicio por la Verdad. No impuso penas de prisión, pero produjo algo que durante casi un siglo había sido negado a las víctimas y a sus descendientes: una verdad reconocida judicialmente.

Como expresa María Cristina Berdan, integrante del Pueblo Qom y de la Comisión del Memorial de Napalpí, después de tantos años de lucha, “se ha logrado que el Estado reconozca lo que pasó”.

La sentencia dejó establecido que aquello no había sido un enfrentamiento ni un hecho aislado. Había sido una masacre organizada desde el poder estatal, seguida por décadas de silencio, ocultamiento e impunidad.

Un lugar donde la memoria permanece

En el territorio, el Memorial de Napalpí se levanta como un espacio para recordar, enseñar y encontrarse. No es solamente una construcción: es una forma de hacer visible aquello que se intentó borrar y de mantener presentes a quienes fueron asesinados.

Para María Cristina Berdan, contar con este espacio tiene un profundo significado: “Para mí significa mucho tener esto, para que se pueda conocer lo que pasó”.

Sus palabras muestran que la memoria no pertenece únicamente al pasado. Necesita un lugar en el presente, un espacio donde las nuevas generaciones puedan acercarse a la historia y comprender que lo ocurrido en Napalpí no puede volver a ser ocultado.

Juan Carlos Saravia, perteneciente a la comunidad también señala: Para nosotros, tener el Memorial significa tener un lugar de reunión, de meditación sobre lo que pasó”.

El Memorial permite que el silencio se convierta en relato, que la ausencia tenga un lugar y que la historia continúe siendo contada por las voces de los propios pueblos.

La sentencia fue un paso histórico, pero la reparación continúa siendo un camino que exige el cumplimiento efectivo de las medidas ordenadas y la participación activa de las comunidades.

Desde INCUPO acompañamos a las comunidades indígenas que sostuvieron esta memoria con una paciencia histórica. Recordamos a las víctimas y reconocemos la lucha de quienes, aun frente al miedo y al silencio, siguieron buscando verdad y justicia.

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